Novena a San José

 

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Nota: Encuentre al final una versión para imprimir de la información que sigue a continuación.

 

DEVOCIÓN
Consiste en nueve días de oración y meditación al Santo Custodio del Señor.

 

MODO DE REZARLA
Comenzar con la señal de la Cruz y la siguiente oración:

 

ORACION INICIAL
¡Glorioso y bondadoso patriarca San José! Vuestro favor imploro, para que me alcances del Señor luz y gracia, con que fervorosamente pueda practicar esta novena que dedico a vuestro culto y honor y en demanda de vuestra intercesión para alcanzar del Cielo lo que más convenga a mi presente necesidad y en todas las demás, espirituales y temporales. Logradme, San José, este nuevo beneficio, para mayor gloria de Dios, aumento de vuestro culto y provecho de mi pobre alma. Amén


MEDITACION
(Según el día)


GOZOS
 (Ver al final)


ORACION FINAL

Dios todopoderoso, que, en los albores del Nuevo Testamento, encomendaste a San José los misterios de nuestra salvación, haz que ahora tu Iglesia, sostenida por la intercesión del esposo de María, lleve a su pleno cumplimiento la obra de la salvación de los Hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

 

DIA PRIMERO
SAN JOSÉ: UN HOMBRE DE FE EJEMPLAR
«Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado» (Mt 1,24).

San José es un hombre de fe profunda e intensa. No sólo con la fe en la mente, que cree en Dios, sino con una fe perfeccionada por el amor, con una fe completa, integral. San José aparece ante el creyente como un modelo de fe y de plena apertura a esa fe. Esa es una de las grandes lecciones de su vida y su acción.

Todas las referencias escriturísticas nos llevan a constatar el ambiente de fe en que se desarrolla la vida de San José y que él tan magníficamente expresa. En él se ve cómo, abierto al Plan de Dios, aún no conociendo los misterios de Dios, responde con toda firmeza y con toda radicalidad, adhiriéndose a los misterios a él revelados, y actúa coherentemente según lo que le es manifestado. Obviamente no comprende bien los misterios, pero asiente confiadamente y responde con toda generosidad a la intervención providencial de Dios, cooperando con todo su ser, como le es solicitado.

Su respuesta es generosa, radical, amplia. Toda su conducta se funda en la fe, y en ella, como en un crisol, se purifica y perfecciona su naturaleza humana. San José responde al don de la fe cooperando con la gracia recibida y andando ejemplarmente por senderos de fe.

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DIA SEGUNDO
SAN JOSÉ: MODELO EJEMPLAR DE SILENCIO ACTIVO
«Después que ellos se retiraron, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle”. Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto» (Mt 2,13-14).

Hay un «clima de silencio -dice Juan Pablo II- que acompaña todo lo relacionado con la figura de José. Pero es un silencio que descubre de modo especial el perfil interior de esta figura. Los Evangelios hablan exclusivamente de lo que José “hizo”; sin embargo permiten descubrir en sus “acciones” -ocultas por el silencio- un clima de profunda contemplación» (RC, 25). Y efectivamente, todos los pasajes sobre San José lo muestran en silencio. Escucha, acoge y hace. El suyo es un silencio eminentemente activo que muestra una extraordinaria posesión y señorío de sí.

La maestría personal aparece en él claramente encuadrada y referida al Plan de Dios. En él se da la unidad de quien, contemplando lo esencial, no se queda pasmado o ensimismado, sino que al mismo tiempo es capaz de darse, como libre cooperador de la misión que Dios le encomienda, a un servicio, pronto y extraordinariamente eficaz al Plan de Dios. ¡Qué enseñanza tan clara para la propia vida cristiana! ¡Qué testimonio tan alentador sobre la vital importancia del silencio!

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DIA TERCERO
SAN JOSÉ: NO HACE JUICIOS TEMERARIOS
«La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió separarse en secreto.» (Mt 1,18-21).

Si bien puede no comprender lo que pasa o, según el caso, no comprender bien todo el alcance de lo que está pasando, no se nos presenta al Santo Custodio como devorado por juicios temerarios. Qué fácil hubiera resultado que ante un hecho tan fuera de lo común, tan singular, se despertara la sospecha, y más aún, se despertara el juicio inculpatorio. La reacción de San José es de indecisión, desconcierto, incluso escrúpulo ante el misterio, pero no juicio inculpatorio. Tal era su confianza en María que creía totalmente en su integridad.

San José no juzga, sino que busca «una salida a aquella situación tan difícil para él». Una salida, sí, pero no a costa de María -ni de su dignidad como persona, ni de su honra, ni de su fama-, ni tampoco a costa de su propia integridad. Una salida justa que implica prudencia en el juicio, objetividad, y no la fácil salida de destruir la confianza ante una aparente situación con despreocupación por la verdad íntegra y la fácil pérdida ajena. San José es pues un ejemplo vivo del respeto a la persona, a la honra ajena, a lo que hoy se llama “derecho a la propia imagen”.

 

DIA CUARTO
SAN JOSÉ: MODELO DE PUREZA Y CONTINENCIA PERFECTA
«Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.» (Lc 1,26-27). […] «María respondió al ángel: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”» (Lc 1,34).

El Papa Pablo VI considera a José en su calidad de esposo como aquél que responde al designio divino «aceptando de la familia su condición propia, su responsabilidad y peso, y renunciando, por un amor virginal incomparable, al natural amor conyugal que la constituye y alimenta». Esta vocación tan singular de San José es la que lo hace aparecer en las imágenes con una espiga de blancos lirios o flores de malva real en la mano, que entre nosotros mejor y popularmente se conoce como la “varita de San José”, símbolo de la pureza. San José hizo de su propia virtud de castidad perfecta una custodia permanente del tesoro de la virginidad de aquella que siendo Virgen había sido hecha Madre por obra del Espíritu Divino, haciendo de puerta virginal para la entrada del Verbo Eterno hecho hombre en la historia humana. La elocuencia de San José adornado con tan perfecta pureza nos invita a hacer propios esos lirios, custodiando firmemente nuestra castidad en medio de un mundo que erotiza cuanto puede, al tiempo que bombardea infatigable, a través de los medios de comunicación social, las mentes y los corazones con ese mensaje de erotismo. La pureza de San José nos alienta a crecer día a día en el amor y ejercicio de esta virtud.

 

DIA QUINTO
SAN JOSÉ: MODELO DE AUTÉNTICA PATERNIDAD
«Tenía Jesús, al comenzar, unos treinta años, y era según se creía, hijo de José» (Lc 3,23).

San José sabe que el ser humano que está en el seno de María no ha sido fruto suyo, sino que es obra de Dios. Esta situación es la que da pie a su indecisión y hasta escrúpulo ante el misterio: él resuelve hacerse a un lado, separarse en secreto de María. Mas el ángel le indica que no tenga miedo alguno de acoger a María en su casa, y más aún, le señala que ha de poner el nombre al niño por nacer, dándosele con ello, según la costumbre judía, la responsabilidad paterna. Los alcances de esta paternidad son muy significativos, aunque también complejos. Baste decir que José es designado como padre putativo, que quiere decir que es considerado o tenido por padre, no siéndolo según la carne sino por la caridad, como dice San Agustín. Es decir, que realmente asume la responsabilidad de padre. El Papa León XIII pone de relieve que «José se convirtió en el custodio legal, administrador y defensor de la Sagrada Familia que estaba bajo su tutela. Y durante toda su vida cumplió plenamente con esas responsabilidades y deberes» (Quamquam pluries, 3). La paternidad de José, ejercida defendiendo la vida de María y de su Hijo, así como manteniendo el hogar de Nazaret con su trabajo de carpintero, constituye una manifestación de lo que conocemos como la Familia de Nazaret y que es un horizonte ejemplar de hogar para iluminar a las familias de hoy.

 

DIA SEXTO
SAN JOSÉ: MODELO DE PLENA DISPONIBILIDAD
“El alma que cree enteramente en Dios: “ciegamente se enamora Dios de ella, viendo la pureza y entereza de su fe” (San Juan de la Cruz CE 31,3). «Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado» (Mt 1,24).

Vemos en San José a una persona totalmente generosa y disponible. El Papa Juan Pablo II señala que con sus actos San
José va «demostrando de tal modo una disponibilidad de voluntad» que no vacila en calificarla el Santo Padre como «semejante a la de María» (RC,3). En verdad edifica inmensamente su prontitud en la respuesta. Tan pronto escucha al ángel, reacciona magnánimamente respondiendo a lo que le es señalado. Su disponibilidad es plena y total. Libre de todo cuanto pudiera atarlo o limitarlo, el Santo Custodio está siempre dispuesto para darse con toda celeridad y santa eficacia al cumplimiento del designio divino. Su vocación a la plena disponibilidad se concreta ejemplarmente en su vida y en su acción junto al Señor Jesús, y a Santa María. Su plena disponibilidad resalta nítidamente en las características con las que responde a las situaciones que se presentan en el cumplimiento de la misión a la que ha sido convocado al servicio del Plan de Dios.

Su total consagración a su misión se alza como ejemplo para cuantos están llamados a cooperar con el divino Plan en una vocación de plena disponibilidad.

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DIA SEPTIMO
SAN JOSÉ: MODELO DE OBEDIENCIA
«Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado» (Mt 1,24).

La obediencia de San José es paradigmática, ejemplar, digna de imitación, modelo para todo aquél que quiere seguir al Señor. Como el “Hágase”, el Fíat de María, San José claramente evidencia con sus actos acoger todo lo que Dios le manifiesta como su designio. Justamente, luego del “Sí” de María en la Anunciación-Encarnación, tenemos a San José como el primero que, a semejanza de María, da su propio “Sí” al divino Plan. Esa obediencia, que además tiene un rasgo de prontitud, de inmediatez, se extiende a todo el Plan de Dios para la persona concreta.

La paradigmática respuesta de San José, queda como un horizonte para todo cristiano, independientemente de su estado y vocación. Es la apertura al designio divino, haciendo propio cuanto Dios muestra como intención suya, tanto en la adhesión a la fe de la Iglesia y cuanto ella pide, y a las concreciones del designio divino en la situación particular de cada cual siempre en vista al horizonte de plenitud hacia el que debe avanzar todo ser humano, cooperando con la gracia, es decir, es una apertura a la realización del Plan de Dios en el propio caminar. San José, el justo, es modelo para nuestro caminar de cómo hay que vivir, pensar y actuar en conformidad con el designio de Dios en todo momento.

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DIA OCTAVO
SAN JOSÉ: MODELO DE AMOR A DIOS
«Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua» (Lc2, 41).

Sobre el amor a Dios hay que destacar la ejemplaridad en la vida de San José. Él amó a Dios tanto como lo pudo amar. Las distintas reflexiones realizadas a lo largo de estos días nos muestran ese amor como el río subterráneo que va alimentando y dándole vida a cada uno de los acontecimientos concretos, a cada una de las características consideradas.

La piedad a Dios de San José no sólo se expresa en esa dimensión fontal, sino que además de percibirse en el fondo de su conducta, está señalada explícitamente en el relato de San Lucas cuando lo sitúa en el marco del cumplimiento de diversos preceptos y de visitar anualmente la Casa de Dios.

Obviamente, el amor de San José se muestra más que con esa breve referencia y otras del Evangelista: con su obediente, pronta y permanente respuesta a Dios, que evidencia un ejercicio perseverante de la presencia divina, y además una entrega permanente de su corazón al Señor; una presencia de Dios y una adhesión a los designios divinos en el corazón de San José. En la entrega de lo que más aprecia, y además, de sus planes; y en esa entrega de sí mismo, en esa entrega de todo lo que es y de todo lo que posee, se muestra la perfección de la caridad, del amor a Dios en el Santo Custodio.

 

DIA NOVENO
SAN JOSÉ: 
SU UNIÓN CON JESÚS Y MARÍA, Y SU AMOR A TODOS LOS HOMBRES
San José amó tanto a Dios como lo pudo amar. Tal amor nutre y sustenta su amorosa unión con Jesús y con María, así como su amor a todos los hombres.

La unión de José con Jesús era una relación singular en que el amor paterno no podía dejar de influir en el amor filial y viceversa. El velo del misterio nos hace retroceder reverentes ante tan íntima y tan profunda unión, así como ante esa tan singular relación paterno-filial. Sobre la perfectamente casta unión de estrecha intimidad con Aquella cuya fe se encuentra con la de San José, habría que decir que la magnitud de su unión espiritual es sólo perceptible por la unión de cada uno de ellos, de María y de José, desde su propia realidad, en la participación de los extraordinarios misterios de Dios que les fueron comunicados y a cuya realización, cada uno según su propio llamado, fueron invitados a cooperar viviendo la primicia de la fe.

Y esta vida de amor de San José, esta existencia nutrida, rodeada y expresada en el amor, por su perfección misma, se ha de entender prolongándose en un abrazo solidario a todos los seres humanos, en particular dada la definitiva universalidad del gran Misterio de Amor del que se le invita a ser eximio y singular cooperador, luego de Santa María Virgen.

 

GOZOS A SAN JOSÉ

Pues sois santo sin igual
y de Dios el más honrado:
Sed José nuestro abogado,
en esta vida mortal.

Vuestra vida fue tan pura,
que no verá luz del día
con excepción de María,
otra más santa criatura.
Por eso vuestra ventura
en el mundo no halla igual.
Sed José nuestro abogado,
en esta vida mortal.

En vuestra muerte dichosa
tuvisteis a vuestro lado
al mismo Dios humanado,
y a María vuestra esposa;
circundándoos gloriosa
una hueste angelical.
Sed José nuestro abogado,
en esta vida mortal.

Con júbilo recibisteis
a María como esposa,
Virgen, pura, santa, hermosa,
y con la cual feliz vivisteis;
y por ella conseguisteis
dones y luz celestial.
Sed José nuestro abogado,
en esta vida mortal.

Ahora sois el abogado
de todos los pecadores,
alcanzando mil favores
al que os llama atribulado;
ninguno desconsolado
salió de este tribunal.
Sed José nuestro abogado,
en esta vida mortal.

 

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