San Lorenzo, diácono y mártir

San Lorenzo Mártir

La parroquia San José de El Poblado considera como uno de sus patronos al glorioso San Lorenzo, por haber sido levantada en este mismo sitio, en el siglo XVII, una capilla doctrinera en honor a este mártir de los primeros siglos de la Iglesia.

Se cree que dicha capilla fue puesta bajo su advocación, por haber sido descubierto el Valle de Aburrá un 10 de Agosto, fiesta de San Lorenzo, en 1541, siguiendo la costumbre de la época de tener en cuenta el Calendario Litúrgico Católico para la asignación de nombres a personas y sitios.

Su nombre significa “coronado de laurel”.

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Historia de San Lorenzo

Los datos acerca de su vida los ha narrado San Ambrosio, San Agustín y el poeta Prudencio. Lorenzo era uno de los siete diáconos de Roma, o sea, uno de los siete hombres de confianza del Sumo Pontífice. Su oficio era de gran responsabilidad, pues estaba encargado de distribuir las ayudas a los pobres.

En el año 257 el emperador Valeriano publicó un decreto de persecución en el cual ordenaba que todo el que se declarara cristiano sería condenado a muerte. El 6 de agosto el Papa San Sixto estaba celebrando la santa Misa en un cementerio de Roma cuando fue asesinado junto con cuatro de sus diáconos por la policía del emperador. Cuatro días después fue martirizado su diácono San Lorenzo.

La antigua tradición dice que, cuando Lorenzo vio que al Sumo Pontífice lo iban a matar, le dijo: “Padre mío, ¿te vas sin llevarte a tu diácono?” y San Sixto le respondió: “Hijo mío, dentro de pocos días me seguirás”. Entonces se alegró mucho al saber que pronto iría a gozar de la gloria de Dios, y viendo que el peligro llegaba, recogió todo el dinero y demás bienes que la Iglesia tenía en Roma y los repartió entre los pobres. Vendió los cálices de oro, copones y candelabros valiosos, y el dinero lo dio a las gentes más necesitadas.

El alcalde de Roma, que era un pagano muy amigo de conseguir dinero, llamó a Lorenzo y le dijo: “Me han dicho que los cristianos emplean cálices y patenas de oro en sus sacrificios, y que en sus celebraciones tienen candelabros muy valiosos. Vaya, recoja todos los tesoros de la Iglesia y me los trae, porque el emperador necesita dinero para costear una guerra que va a empezar”. Lorenzo le pidió que le diera tres días de plazo para reunir todos los tesoros de la Iglesia, y en esos días fue invitando a todos los pobres, lisiados, mendigos, huérfanos, viudas, ancianos, mutilados, ciegos y leprosos que él ayudaba con sus limosnas. Y al tercer día los hizo formar en filas, y mandó llamar al alcalde diciéndole: “Ya tengo reunidos todos los tesoros de la Iglesia. Le aseguro que son más valiosos que los que posee el emperador”.

Llegó el alcalde muy contento pensando llenarse de oro y plata y al ver semejante colección de miseria y enfermedad se disgustó enormemente, pero Lorenzo le dijo: “¿Por qué se disgusta? ¡Estos son los tesoros más apreciados de la Iglesia de Cristo!” El alcalde lleno de rabia le dijo: “Pues ahora lo mando matar, pero no crea que va a morir instantáneamente. Lo haré morir poco a poco para que padezca todo lo que nunca se había imaginado. Ya que tiene tantos deseos de ser mártir, lo martirizaré horriblemente”. Y encendieron una parrilla de hierro y ahí acostaron al diácono Lorenzo. San Agustín dice que el gran deseo que el mártir tenía de ir junto a Cristo le hacía no darle importancia a los dolores de esa tortura. Los cristianos vieron el rostro del mártir rodeado de un esplendor hermosísismo y sintieron un aroma muy agradable mientras lo quemaban. Los paganos ni veían ni sentían nada de eso.

Después de un rato de estarse quemando en la parrilla ardiendo, el mártir dijo al juez: “Ya estoy asado por un lado. Ahora que me vuelvan hacia el otro lado para quedar asado por completo”. El verdugo mandó que lo voltearan y así se quemó por completo. Y con una tranquilidad que nadie había imaginado rezó por la conversión de Roma y la difusión de la religión de Cristo en todo el mundo, y exhaló su último suspiro. Era el 10 de agosto del año 258.

El poeta Prudencio dice que el martirio de San Lorenzo sirvió mucho para la conversión de Roma porque a la vista del valor y constancia de este gran hombre se convirtieron varios Senadores y desde ese día la idolatría empezó a disminuir en la ciudad. San Agustín afirma que Dios obró muchos milagros en Roma en favor de los que se encomendaban a San Lorenzo. El Santo Padre mandó construirle una hermosa Basílica en Roma, siendo la Basílica de San Lorenzo la quinta en importancia en la Ciudad Eterna.

En su iconografía se lo suele representar imberbe (señal de juventud), con atuendo de diácono y con dalmática (túnica larga con amplias y cortas mangas), la palma (señal de la gloria del martirio) en una mano y en la otra el Evangelio, que defendió con vehemencia. Tras suyo, la parrilla alusiva al objeto de su martirio. Intercesor de bibliófilos y bibliotecarios, por el celo con que protegió los libros litúrgicos; también de los bomberos y de quienes están expuestos al fuego y claro está, de los más pobres, a quienes consideraba “tesoros” de la Iglesia.

Oración a San Lorenzo, Diácono y Mártir

Señor Dios, Tú le concediste a este mártir un valor impresionante para soportar sufrimientos por tu amor, y una generosidad total en favor de los necesitados, haz que esas dos cualidades las sigamos teniendo todos en tu Santa Iglesia: Generosidad inmensa para repartir nuestros bienes entre los pobres, y constancia heroica para soportar los males y dolores que permites que nos lleguen. Amén.

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Nota: Un cuadro original de San Lorenzo, cuya foto ilustra este artículo -cuadro el más antiguo que se conserva en la ciudad de Medellín-  y que fue donado a la Doctrina de San Lorenzo (ubicada en el mismo lugar del actual templo de San José de El Poblado) reposa actualmente en la Iglesia también llamada San José,  pero ubicada en el centro de la ciudad. Con motivo de los 400 años de El Poblado de San Lorenzo, fue traído en peregrinación  a esta Parroquia, durante algunos días, para ser venerado por los fieles.