La obra del maestro

Puccini compuso varias óperas famosas. En 1922 cuando está escribiendo Turandot, se le declaró un cáncer mortal.

Puccini dijo a sus discípulos: “Si yo no termino esta ópera, quiero que ustedes, mis discípulos, la terminen por mí”. Poco después moría.

Sus discípulos pusieron manos a la obra y en 1926 se estrenaba en Milán.

Todo funcionó a la perfección y cuando se llegó al punto donde el maestro había terminado, el director se paró, se dirigió al público y llorando dijo: “Hasta aquí el trabajo del maestro”. Un gran silencio embargó el teatro. El director cogió la batuta y entre lágrimas y sonrisas exclamó: “Y aquí comienza el trabajo de sus discípulos”.

Jesús comenzó la obra de Dios anunciando el Reino de Dios. Fue el gran predicador enviado por Dios. Pero su obra, hermanos, aún está por completar. Jesús quiere que nosotros, sus discípulos, completemos la obra que Él comenzó.

 

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