Saber escuchar a Dios

Una señora decía tener un problema de audición y cada vez que se reunía con sus amigas tenía que preguntarles de qué hablaban.

Un día decidió ir al especialista del oído para hacerse un examen. El doctor le dijo que tenía los medios más modernos pero que iba a usar el medio tradicional. Sacó su reloj del bolsillo y le preguntó si podía oír el tictac del reloj.

Por supuesto, lo oigo muy bien, le contestó.

El doctor se alejó unos siete metros y, de nuevo, le preguntó si seguía oyendo el tictac.

Sí todavía lo puedo oír, contestó.

El doctor salió del despacho y le preguntó: ¿y ahora oye el tictac?

Sí, lejano, pero lo oigo.

El doctor se sentó frente a la señora y le dijo: Su problema no es de audición. Su problema es de escucha. Usted no sabe escuchar.

Dios no te deja mensajes en la grabadora ni te envía emails ni sabe el número de tu celular pero Dios sabe tu nombre y te llama por tu nombre. Te dijo un día en tu bautismo: N Y N…, tú eres mi hijo, yo te quiero. Y te lo sigue diciendo también hoy.

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