Pascua es el tiempo del éxito

Para el cristiano, es el tiempo del triunfo total sobre la muerte, el dolor y el miedo: el día de la victoria más absoluta, rotunda y completa que han conocido los siglos: es el Día de la Resurrección.

Pero el triunfo es tan explosivo porque la resurrección no es acontecimiento sólo y exclusivo de Cristo –ya sería mucho-, sino nuestro, de cada uno.

La resurrección –que conmemoramos especialmente- es algo vivo, real y operativo que ha empezado ya, porque:

  • Cuando yo busco la justicia por encima de mi egoísmo, es que he resucitado.
  • Cuando amo a los hombres por encima de mis intereses y hasta de mi propia vida, es que he resucitado.
  • Cuando elijo sencillamente el último puesto sin empujar para ocupar el primero, es que he resucitado.
  • Cuando lucho sin odio, sin violencia, sin dogmatismos, sin coacciones, buscando lo que considero mejor para los hombres, es que he resucitado.
  • Cuando no juzgo a los demás y no los condeno desdeñosamente desde el monte de mi perfección y mi desprecio, es que he resucitado.
  • Cuando busco la verdad, aunque me hiera su dureza cristalina, es que he resucitado.
  • Cuando soy capaz de encontrar en el dolor y aun en la muerte una respuesta válida, es que he resucitado.

Y si esto es así, si ha comenzado en mi propia vida la resurrección, la vida que no acaba, ¿por qué no hay que celebrarlo con una gran fiesta? ¿Por qué no voy a decir a todos los que me rodean: Felices Pascuas?

Anuncios