Cuaresma: tiempo de cambiar nuestra imagen de Dios

Juan era un niño que vivía en un campo. En la escuela vio un gran póster del circo que iba a actuar en la ciudad. Cuando llegó a casa le dijo a su padre: Papá, ¿puedo ir al circo el sábado? Si haces todas tus tareas a tiempo, podrás ir, le contestó su padre.

Llegó el sábado, las tareas hechas y vestido de domingo, el padre sacó unos billetes del bolsillo y después de darle mil consejos le dejó ir a la ciudad.

Las calles estaban llenas de gente para recibir a todos los artistas del circo. Juan se colocó en primera fila. Nunca había visto un espectáculo tan maravilloso. Un payaso cerraba la caravana. Cuando el payaso pasó junto a Juan, éste sacó del bolsillo sus billetes y se los dio y Juan se fue a casa. El niño pensaba que eso era el circo. Sólo había visto el desfile, pero no vio la maravillosa actuación que tendría lugar bajo la carpa.

Con las cosas de Dios a nosotros nos pasa lo mismo. Cuántas veces hemos confundido a Dios y a su Hijo amado con los eventos religiosos, con las cosas y las personas y los libros…

Cuántas veces hemos confundido a Dios con nuestro vacío espiritual y nuestra necesidad de llenarlo. Y como el niño que quería ver el circo nos hemos contentado con el colorido y la emoción del desfile, pero no hemos entrado en la tienda de su amor, y es que, hermanos, por más malabarismos que hagamos, Dios es siempre más grande que nosotros, Dios es el misterio que nos envuelve y nos ama.

La Cuaresma es tiempo de muchas cosas: conversión, fe, austeridad, … la Cuaresma invita a cambiar nuestra imagen de Dios y a purificarla.

 

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