Siete razones para ir de misiones

“Se refuerza la fe. No hay mejor manera de conocer y fortalecer tu fe que compartiéndola con los demás.

Unión familiar. Se practica de una manera muy especial. Es un apostolado donde padres e hijos trabajan juntos. Una excelente oportunidad de convivencia fuera de la rutina y con el objetivo de que, juntos como familia, participen en la Misión de la Iglesia.

Santas amistades. La convivencia con otras familias que comparten intereses provoca extraordinarias amistades para el matrimonio y para los hijos. Esto propicia amistades en un ambiente sano y por lo regular son amistades para toda la vida.

Vives una gran aventura. Llevar el Evangelio es una gran aventura. Lejos de causar desagrado, se produce un efecto de motivación por superar las incomodidades a las que se enfrentan.

Se refuerza la vocación. El ir casa por casa para escuchar a las personas que ven en el Misionero la figura de Jesucristo que va a su encuentro, donando su tiempo para atenderlos. Cualquier vocación, ya sea al matrimonio o a la vida religiosa, es una práctica constante de donación y en las Misiones se vive esta actitud cada día.

Conoces la Misión de la Iglesia. Al ser Misionero y convivir con la Iglesia del pueblo, te darás cuenta de las limitaciones que tienen, pero que a pesar de eso, la Misión de la Iglesia está muy alejada y es más grande que cualquier bien económico. Es simplemente llevar a Jesucristo y su Evangelio a las personas que más lo necesitan, sin ningún tipo de interés personal.

Llevar la paz. En esta cultura del descarte y de la violencia, llevas la palabra de Dios a personas que prácticamente han sido olvidadas por la sociedad, que las han arrinconado y privado incluso de servicios básicos. Tienes la oportunidad de ser un embajador de paz para aquellos a quienes las dificultades han atrapado en la desesperación y el dolor. Además, de que un Misionero puede llevar la paz a una comunidad dañada por el rencor, la pobreza y los vicios” (P. Rulo Rodríguez .mx)

 

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