“Se llenaron de alegría al ver al Señor” (JN 20,20)

Las primeras palabras de Jesús fueron estas: «Paz a vosotros» (Jn 20,19). ¡Qué importante es la paz! Pero la paz de Cristo no es sólo la ausencia de guerra. Es también la paz de la conciencia tranquila, la paz de los que hacen la voluntad de Dios. Dicen que no hay mejor almohada para dormir es una buena conciencia.
Yo tenía un amigo que era Teniente y me contó que un día se había cometido un crimen. Se sospechaba de un individuo. De noche vigilaron su casa y vieron que a las cuatro de la mañana se levantaba y andaba, de una parte para otra, muy nervioso y fumando. Se le detuvo y reconoció su crimen. Al menos a este hombre le remordía la conciencia. No podía dormir. Pero muchas veces la conciencia, a fuerza de no hacerle caso, ya no remuerde. Y esto es muy grave.

¿Para qué va a funcionar la voz de alarma si nadie le hace caso?

¿Para qué va a funcionar la voz de la conciencia si no se la escucha?

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