Que implica ser testigo de la resurrección en el siglo XXI

Ser testigo de la resurrección es algo muy hermoso, pero, dada la cultura de muerte que impera entre nosotros, exige no pocos compromisos. Por ejemplo, el testigo de la Pascua debe:

Luchar contra todo lo que origina muerte y conduce a la muerte, contra los violentos e injustos, contra los que siguen crucificando la vida y sembrando corrupción. Defender la vida en plenitud. Esta defensa vale para la naturaleza toda. El hombre de Pascua debe ser mejor ecologista.

Combatir por lo mismo, las causas de la pobreza. Las estructuras opresivas e insolidarias, el egoísmo que anida en el corazón del hombre y en el corazón del mundo.

Defender la libertad verdadera contra toda situación esclavizante.

Trabajar por la paz. La paz es también un don de la Pascua que Cristo resucitado ofrecía a sus discípulos.

Ser testigo de alegría y esperanza. Saber dar razón de nuestra fe ante todos aquellos que no creen en la primavera y no quieren florecer.

Vivir en la verdad. Nos hemos acostumbrado no sólo a decir mentiras, sino a vivir en la mentira; es decir, a no sentir lo que decimos, a no expresar lo que pensamos, a no cumplir lo que prometemos, a no ser lo que aparentamos, a no vivir lo que creemos y profesamos.

Vivir en el amor. Es el secreto último de la Pascua y la fuerza que lleva a resurrección. Un hombre resucitado es un hombre que perdona, que comprende, que sufre, que comparte, que se entrega.

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