El diezmo

“Honra al Señor con generosidad y no seas mezquino en tus ofrendas; cuando ofreces, pon buena cara y paga de buena gana los diezmos. Da al altísimo como él te dio: generosamente, según tus posibilidades, porque el Señor sabe pagar y te dará siete veces más. No le sobornes, porque no lo acepta; no confíes en sacrificios injustos, porque es un Dios justo, que no puede ser parcial”. Del libro del Eclesiástico (35, 1-15)

Queremos recordarte el precepto sagrado del DIEZMO.

La espiritualidad del diezmo consiste en devolver “aquello que le pertenece a Dios”

Cuando el discípulo con la luz de la gracia descubre que Jesús quiere compartir todo con sus amigos, por los cuales está dispuesto a dar su vida propia, en la que todo da y nada reclama, entonces se activa dentro de su corazón un deseo que se transforma en una decisión: corresponderle a Dios con la misma decisión.  Dale al Altísimo tan generosamente como puedas porque el Señor sabe reconocer la colaboración generosa de los fieles para sostener a la Iglesia.

El mayor tesoro que nos podemos llevar de este compromiso con Dios y la Iglesia es una renovada y más lucida convicción de que Jesucristo, el hijo de Dios hecho hombre en el seno de María, nos ha dado todo, por eso alentamos a cada uno de los miembros de la parroquia para que: el Señor nos dé la fuerza de, no solo devolver el diezmo, sino como el primer discípulo misionero de Jesús, Pedro, estemos dispuestos a dejarlo todo por Él y a tenerlo a Él como centro de nuestra Iglesia.

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