Todavía no es el final

Todavía no es el final, pero se le ve. Este domingo de Ramos no es el final del camino cuaresmal, pero desde él ya se vislumbran las sombras de la muerte y las luces del amanecer pascual.

Lo importante es preguntarnos si hemos llegado de verdad a este camino de conversión o, sencillamente, nos hemos quedado en el camino cansado, fatigados o, simplemente, indiferentes. ¿Ha sido la Pascua nuestra verdadera meta? ¿Ha sido la Pascua nuestro verdadero horizonte?

Es preciso mirar de dónde partíamos, de qué esclavitudes partíamos, y preguntarnos ahora de cuántas esclavitudes hemos salido. ¿Llegaremos a la Pascua tan esclavos como cuando partíamos desde el miércoles de ceniza y el primer domingo? ¿Seguiremos todavía en el Egipto de nuestras esclavitudes, tentaciones y estaremos ya disfrutando del gozo de nuestra libertad? ¿Cuántas libertades tienes hoy que no tenías al comienzo? ¿Te has dejado transfigurar por la palabra del Señor? ¿Te has acercado a la fuente de la gracia y el perdón que nos ofrece Jesús, manantial de vida? ¿Has dejado que Él sea quien te quite la ceguera del pecado? ¿Te has dejado sacar de la tumba del pecado?

Ya comienza la Gran Semana. ¿Será la semana de nuestra Pascua? Nadie puede andar el camino de nadie. Nadie puede hacerse libre por otro. Cada uno es autor de su propia historia. No es cuestión de que el calendario haya avanzado, es cuestión de que nosotros hayamos salido y estemos ya a punto de llegar.

 

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