En medio de su pueblo

¡Qué simpático sería un Presidente o Rey que, vestido como una persona común, subiera al autobús de la esquina para trasladarse al supermercado para comprar lo que desea, o se sentara en medio de los espectadores para disfrutar un partido de fútbol como uno más…! ¿No has pensado que Jesús, el mismo Hijo eterno de Dios, vino a nuestro encuentro y compartió nuestra vida común en medio de nosotros?

Un soldado norteamericano viajaba un día en autobús haciendo turismo por Suecia. El sueco que viajaba junto a él parecía ser muy amable, y el soldado empezó a dialogar familiarmente con el simpático acompañante. Hablaron de todo un poco, hasta que el soldado le dijo:

—Mi país es el más democrático de todo el mundo. Cualquier ciudadano es recibido cordialmente en la Casa Blanca para ver al presidente y ventilar cualquier problema o queja con él en persona.

El sueco, para no quedar en inferioridad, añadió enseguida:

—Eso no es nada, aquí en Suecia, el rey viaja en el mismo autobús que la gente corriente.

Cuando poco después el acompañante bajó del vehículo, los otros pasajeros le informaron al norteamericano que había viajado junto al rey Gustavo Adolfo VI.

Esto es precisamente lo que hizo Jesús, dejando a un lado su categoría de Dios y asumiendo nuestra condición humana en toda su humildad. Es lo que san Juan dejó consignado en la introducción a su Evangelio con estas sublimes palabras: “El Verbo de Dios se hizo carne y habitó en medio de nosotros” (Juan 1, 12). ¡Como para meditarlo, y llenarse de admiración y gratitud!

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