Domingos sin reloj

Somos esclavos del reloj. Nos recuerda la hora de levantarnos, la hora del trabajo, del colegio, la cita con el médico, con los amigos… Horarios para poder vivir y horarios para disfrutar.

Qué alegría los domingos cuando el reloj está en off!

Para el domingo no vale el reloj de pulsera ni el de pared, tan antiguo, reliquia heredada, ni el despertador.

Para el domingo hay un reloj especial, el del corazón, el del amor, tan interior que sólo yo lo oigo.

Un reloj que me pone en camino, con otros muchos hermanos, hacia el Señor Jesús, su casa de oración, su eucaristía y su fiesta.

Todos los relojes sobran y hasta el tiempo sobra.

Y a todos los relojes que miden el tiempo en las iglesias habría que dejarlos sin cuerda o sin electricidad.

El tiempo es del Señor y para el Señor. Cuando vengas a la iglesia, por favor, deja el reloj, el Celular y los afanes en la casa.

Y recuerda, “el tiempo que te quede libre, si te es posible, dedícalo a Mí”

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