Visitar a los enfermos

Cuando era niño aprendí en el Catecismo que, entre las Catorce Obras de misericordia, una de ellas era “visitar a los enfermos”. Siempre sentí como una cierta sospecha a lo de “obra de misericordia”. Porque sentía que se tratase de una cierta compasión. Y la visita a los enfermos creo que debe ser sencillamente un acto de amistad, de fraternidad, de solidaridad. Visitamos al enfermo como visitamos también al sano. Se trata de una visita. De un encuentro de personas.

Yo creo que todo enfermo debiera tener en un póster con letras grandes éstas o parecidas ideas:

1.- Yo necesito de tu amistad, no tu compasión y lástima.
2.- Cuando me visites, no me hables de mi enfermedad, háblame de la vida, porque también yo quiero vivir.

3.- Y si me hablas de mi enfermedad, hazlo como cuando visitas a un amigo sano y le hablas de su trabajo.

4.- Cuando me visites, no pongas cara de compungido aparentando ser tú el enfermo y no yo. A nosotros también nos gusta ver caras simpáticas y alegres y felices.

5.- Cuando me visites, déjame tu alegría como compañera de mi vida y no tus preocupaciones.

Pronto terminaremos el año de la misericordia, pero, recuerda que Cristo es el mismo Ayer, hoy y siempre. El rostro del hermano enfermo es el de Cristo.

 

Anuncios