Una mujer llamada María

Hubo una mujer, llamada María, de un  pueblecito, Nazaret, escogida por Dios y programada por Dios para ser la madre de Jesús y para ser el templo vivo de Jesús.

“Alégrate tú, la amada y favorecida. El Señor está contigo”.

Y Dios, de puntillas, le pide su colaboración para ser madre, la madre de Jesús.

Y Dios, conteniendo la respiración espera ansioso la respuesta de esta virgen que tiene novio y es la envidia de todos los mozos de Nazaret.

Y Dios está en vilo, esperando su respuesta.

Tú y yo sabemos que dijo “sí”.

Pero, cuánto cuesta un sí de verdad y para siempre.

Recuerdas la primera vez que le preguntaste a tu novia: ¿me quieres? ¿Te quieres casar conmigo?

Ese sí que te ata y te compromete.

Ese sí libre y gozoso que te abre las puertas del amor y de la vida.

Ese sí que salva y orienta la historia.

Cuando dejaste de preguntar, de decir: ¿me quieres? Ese primer sí se iba convirtiendo poco a poco en menos sí, en más no.

Tú y yo sabemos que María dijo sí siempre.

Siempre abierta a Dios.

Siempre cubierta por la nube de la presencia de Dios.

Siempre fecundada por el esperma de la Palabra de Dios.

Siempre guiada por el Espíritu Santo.

No hay Navidad sin tu sí, sin nuestro sí.

 Dios nos necesita para hacer Navidad.

Anuncios