Todos somos importantes para Dios

Una estudiante cuenta lo que le ocurrió en un examen.

Durante mi segundo mes en la escuela de enfermería el profesor nos hizo un test. Yo que era buena estudiante contesté a las preguntas con rapidez hasta que llegué a la última pregunta: “¿Cuál es el nombre de la señora que limpia la escuela?”

Me parecía una broma. Yo la había visto, era alta, de pelo oscuro y de unos 50 años, pero ¿cómo podía saber su nombre? Dejé la pregunta sin contestar.

Antes de terminar la clase, alguien preguntó si esa pregunta también contaba para la nota.

Por supuesto, dijo el profesor. A lo largo de sus vidas encontrarán muchas personas. Todas son importantes. Todas merecen su atención, incluso si sólo les dicen hola o les sonríen.

Nunca olvidé esa lección y también aprendí el nombre de la señora, se llamaba Dorotea.

¿Sabe usted el nombre de la persona que está a su lado? ¿No? Pregúnteselo. Esa persona es muy importante, aunque no lo parezca, es hijo e hija de Dios. Es una pregunta que Dios nos hará al final, en el test definitivo y contará más que cualquier otra.

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