Saber renunciar

¡Cuántas ilusiones se marchitan en nuestros corazones por no saber desprendernos de lo que tenemos!
¡Cuántos matrimonios fracasan porque no estamos dispuestos a renunciar a la libertad de solteros!
¡Cuántos matrimonios fracasan porque no estamos dispuestos a renunciar a ciertas amistades!
¡Cuántos matrimonios fracasan porque no estamos dispuestos a renunciar a los amigos de fin de semana!
¡Cuántos matrimonios fracasan porque no estamos dispuestos a renunciar al licor!
¡Cuántos matrimonios fracasan porque no estamos dispuestos a renunciar a nuestro orgullo!

¡Cuántos hombres y mujeres fracasan en la vida porque son incapaces de arriesgarse!
¡Cuántos jóvenes fracasan porque no se atreven a tomar en serio sus estudios!
¡Cuántas vocaciones fracasan porque no se atreven a poner su futuro en riesgo!
¡Cuántas vocaciones fracasan porque no se atreven a poner sus vidas al servicio de los demás!
¡Cuántas vocaciones fracasan porque no se atreven a dedicar un rato de tiempo al día para escuchar a Dios!

Hay demasiados fracasos:
Porque nos falta valentía.
Porque nos falta riesgo.
Porque nos falta generosidad.
Porque nos falta fiarnos de Dios.
Porque nos falta fiarnos de la fe.

¡Cuántos fracasos en la vida, sencillamente porque “solo nos falta una cosa”!
Tal vez por no “tomarla en serio nuestro futuro”

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