Pastores por amor

“Un pastor no se puede dedicar a peinar las cuatro ovejas que le han quedado en el redil mientras el resto del rebaño esta fuera del aprisco y medio perdido. Es necesario salir a buscar el resto del rebaño, aunque eso supone correr riesgos. Pero los ambientes cerrados acaban enfermando porque se contaminan.” (Papa Francisco) Se habla mucho de los que abandonan hoy la Iglesia. Esto nos plantea graves interrogantes y problemas. ¿Por qué dejan la Iglesia? Tal vez, porque no la ven auténtica. Tal vez, porque no encuentran en ella lo que buscan. Tal vez, porque no se sienten acogidos en ella. Hasta es posible que tal vez, la dejen porque no tienen nada que hacer en ella o no les dejamos hacer lo que están llamados a hacer por su bautismo.

Jesús se define a sí mismo como “el buen pastor” y quiere que nosotros seamos “buenos pastores”. Pastores a los que les duele el rebaño, que aman el rebaño, que se dan a sí mismos por el rebaño. Cuando alguien me plantea el problema de por qué no se casan los curas, me suelo reír. ¿Acaso no hay muchos solteros que tampoco se casan? Y ¿acaso por ello son menos que los demás? Hay hijas que no se casan por atender a sus padres ya ancianos. No se casan por amor. Pero lo peor es cuando me dicen: “¿Entonces usted tiene prohibido amar?” Y esto me duele porque se ve que no han entendido mi vocación. Mi vocación de pastor es una vocación de amor. Si no sé amar a mis ovejas mejor me retiro porque no quiero ser un funcionario. El pastor tiene que amar a sus fieles y, por eso, renuncia a “otros amores”, pero no al amor. No hay buenos pastores sin un gran amor.

Por eso nos duelen los fieles enfermos y más todavía los fieles que abandonan la casa. Más me dolería si alguna de mis ovejas la ha abandonado porque yo no la he amado debidamente, suficientemente, tiernamente. Yo no podré hacer grandes milagros como pastor, pero sí tengo que vivir del milagro de amar, amar a todos, y amar siempre, incluso a aquellos que se quieren ir.

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