La excursión

Un grupo de turistas iba a emprender una excursión por las montañas. La carretera era estrecha y llena de curvas peligrosas.

El conductor estaba nervioso, era la primera vez que hacía ese recorrido. Antes de comenzar la excursión se plantó delante del autobús y dijo sus oraciones.

Apenas recorridos unos kilómetros, el motor comenzó a calentarse. No había agua en el radiador. Eso tenía fácil arreglo. Pero faltando muchos kilómetros para la meta, el autobús se paró. No había gasolina en el tanque. Se quedó vacío. Los turistas tuvieron que esperar largas horas antes de ser auxiliados.

El conductor había orado antes de salir, pero no había echado agua al radiador y no había llenado el tanque de gasolina.

En nuestro mundo, y entre nosotros, hay personas que viven como turistas. El turista es el que disfruta de un lugar, lo usa unas horas o unos días y habitualmente lo deja peor de lo que lo encontró.

Los hay que viven como peregrinos. Hacen muchos sacrificios, pero sólo les interesa la meta. Y se desentienden de lo que pasa a su alrededor.

Los hay indiferentes. El mundo pasa. La vida es una historia contada por un soñador.

¿Para qué trabajar? ¿Para qué preocuparse?

Los indiferentes dicen: comamos, bebamos, gocemos…que esto no da más de si.

Algunos creyentes: oran mucho pero no echan agua al radiador ni llenan el tanque de gasolina.

Al finalizar el año litúrgico con la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, cabe esta pregunta en la excursión de nuestra vida de creyentes:

 ¿SERA QUE ERES UNO DE ELLOS?

 

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