Juicio particular y juicio universal

Con esta reflexión, queremos invitarlos a profundizar en el “juicio divino” que sólo es comprensible en el Amor.

  “JUICIO PARTICULAR”

El olvido de éste ha propiciado en nuestra sociedad el envilecimiento de las relaciones humanas. Al no creer que haya nadie a quién “rendir cuentas” el hombre actual ha optado por el “todo vale”, para conseguir sus propias expectativas de disfrute, dominio y afán de superioridad. Ante esta realidad de nuestro mundo actual, al creyente le corresponde asumir con seriedad (aunque no sin dolor) el misterio de la propia muerte, igual que Cristo no ignoró la muerte, al contrario, hizo de ella el punto de referencia para salvarnos y comunicarnos la vida. Hemos de esforzarnos en verla (iluminados por la muerte de Jesús) como “paso para la vida eterna”. La muerte no fue para él un alejarse de la vida, sino un “ir al Padre”. Tampoco podrá ser de otra manera para quien, durante su existencia, aunque esté marcada por debilidades y caídas, se ha esforzado en “amar a Dios con todo su corazón y al prójimo como a sí mismo” (Cf. Lc 10,27).

 “JUICIO UNIVERSAL”

 Será “la comunicación del Espíritu del Resucitado, esto es, el Espíritu Santo” (S. Ireneo).Son muchos los cristianos alejados que asisten en nuestra Parroquia a entierros y funerales, muchas veces con la única intención de “dar el pésame”. Por eso ponemos mucho interés y delicadeza en la preparación de la celebración de entierros y funerales. Por una parte, deberán dar confianza a los familiares y allegados en que la vida de su difunto no se ha perdido, pero al mismo tiempo intentan ser una llamada, seria y fuerte, a los vivos para que vuelvan sus ojos a JESUCRISTO EL REY DEL UNIVERSO, el único capaz de dar vida después de la muerte y ante el que todos deberemos comparecer en un juicio de amor, bien lo dice San Juan de la Cruz “al atardecer de la vida, te examinaran en el amo

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