El granjero misericordioso

Había una vez hace mucho tiempo en un país azotado por la guerra, un anciano Rey, el cual fue sacado por sus fieles del castillo a escondidas, teniendo que huir a pie y sin escolta para no levantar sospechas. Caminó y caminó por días, hasta que sus pies no podían dar un paso más, se encontraba cansado y hambriento, pero a los lejos alcanzaba a ver una granja solitaria, lastimosamente estaba en el país enemigo.

Pero su avanzada edad le impedía continuar hasta las afueras de ese lugar, por lo que no tuvo más remedio que solicitar en esa granja asilo. Lucia andrajoso y sucio por la larga travesía y aun así el granjero le brindó todo lo que necesitaba con buenas maneras. Compartió con él su humilde cena, y después le proporcionó un baño y ropa limpia, además de una confortable habitación para pasar la noche.

Antes de dormir en granjero se acercó a la habitación de su invitado para ver si se le ofrecía algo más, pero el hombre realizaba sus plegarias, así que el granjero no quiso ser impertinente y se marchó a descansar. Por su parte el Rey estaba muy preocupado de que alguien se enterara de la ayuda que el granjero le prestaba y pudieran castigarlo por ello, pedía en sus plegarias por el bienestar de aquel buen hombre.

Al siguiente día el generoso granjero preparó un espléndido desayuno para su huésped y cuando éste se marchaba, hasta le entregó una bolsa con monedas de oro para sus gastos.

Profundamente emocionado por tanta generosidad, el anciano monarca partió a su palacio y una vez recuperado su trono, lo primero que hizo fue llamar al caritativo granjero, al que concedió un título de nobleza y lo convirtió en consejero del reino.

“DICHOSOS LOS MISERICORDIOSOS, PORQUE ELLOS ALCANZARÁN MISERICORDIA” (Mt. 5,7)

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